El director de la radio nacional búlgara denuncia interferencias políticas y económicas


Cuando Andon Baltakov anunció que presentaba su dimisión como director general de la Radio Nacional de Bulgaria (BNR), esperaba que sirviera de catalizador para el cambio en lo que respecta a la independencia de la prensa en el país.

“Para que un director general renuncie nueve meses después de haber asumido el cargo… algo está mal”, dijo.

El director general ha declarado a Euronews que está muy disgustado con la hipocresía que, según él, demuestra el Gobierno para impedir que se produzcan cambios reales en un país calificado por Reporteros sin Fronteras como “la oveja negra de la Unión Europea”.

Sin embargo, Baltakov afirma que ha recibido poco apoyo por su iniciativa, más allá de sus colegas de la BNR, y tampoco ha visto que se exprese ninguna opinión firme sobre su postura.

La principal motivación del directivo fue el hecho de que, según él, se suprimió una parte del proyecto de enmienda de la Ley búlgara sobre la radio y la televisión que había sido propuesta por un grupo de dirigentes del sector antes de que se sometiera a consultas públicas en el sitio web del Ministerio de Cultura.

El proyecto regula la financiación de los medios de comunicación de servicio público y el texto eliminado se refería a los consejos de administración, sus mandatos, obligaciones y a su control, según la BNR.

“Un político no puede cambiar un borrador y quitar secciones, eliminar las opiniones de los expertos”, dijo.

“Para mí fue una clara señal de que no había voluntad política de transformar realmente los medios de servicio público en verdaderas organizaciones independientes… para crecer independientes de las organizaciones de interferencia política y económica”.

El Ministerio de Cultura de Bulgaria dijo a Euronews que el grupo de trabajo se formó para dar “a todas las partes la oportunidad de llevar a cabo libremente y de forma amplia el debate sobre los medios de comunicación sin imponer su propia posición o política”.

Añadió que la enmienda está actualmente en discusión pública y que “se tendrá en cuenta la opinión de todos los interesados en el proceso”.

Desde entonces Baltakov ha retirado su dimisión debido a lo que describe como una efusión emocional del personal, decidió quedarse y “seguir luchando” para que su emisora sea independiente, “libre de influencias políticas y económicas”, pero ¿a qué se enfrenta?

¿Cuál es la situación en Bulgaria?

Desde 2011, cuando hizo por primera vez una investigación de campo en el país, James Dawson dice que es “claro que la libertad de prensa en Bulgaria está en declive”.

De hecho, desde 2013 la posición de Bulgaria en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de RSF ha caído 24 puestos, situándose en el 111º en 2020.

La organización cita varios incidentes que justifican la baja puntuación de su barómetro, entre ellos la suspensión de destacados periodistas y la propiedad de algunos medios de comunicación importantes.

Los dos grupos mediáticos más populares del país – NOVA Broadcasting Group y BTV Media Group – cambiaron de propietario y poco después las reporteras de investigación Miroluba Benatova y Genka Shikerova fueron obligadas a irse de NOVA, según explica RSF.

Dawson, que ahora es profesor de política comparativa en la Universidad de Coventry, dice: “Bulgaria es el tipo de lugar donde tienes que prestar atención a las redes sociales y olvidarte de los principales periódicos si quieres saber realmente lo que está pasando.”

En su opinión, los líderes del periodismo de investigación del país son medios en línea que se financian mediante contribuciones de los usuarios, pero dice que “los periodistas que hacen este tipo de cosas, reciben acoso personal”.

El Instituto Internacional de Prensa (IPI), una red mundial para la libertad de prensa, pidió en julio al fiscal jefe de Bulgaria que garantizara una investigación transparente sobre las amenazas de muerte al periodista de investigación Nikolay Staykov.

Staykov, un conocido periodista búlgaro que fue cofundador de la ONG Fondo Anticorrupción, dijo que en junio recibió llamadas telefónicas amenazantes como parte de una campaña “coordinada” de hostigamiento que, según él, estaba relacionada con un documental de investigación que había producido sobre la presunta corrupción del Estado.

Pero según Gergana Dimova, profesora de la Universidad de Winchester, aunque “la mayoría de los medios de comunicación tradicionales están controlados por el gobierno y los oligarcas progubernamentales”, es importante el hecho de que haya “algunas ‘islas’, donde vive y a veces prospera el periodismo independiente”.

Aunque dice que el grado de censura y autocensura es difícil de medir, añade que más allá de las conclusiones del informe de RSF, la situación en Bulgaria es más matizada.

“Ciertos medios de comunicación en línea permiten una discusión libre y a menudo políticamente acalorada en la sección de comentarios, que es realmente donde se produce el cruce de segmentos políticos del público”, según Dimova.

“El resultado final es que si estás descontento con el gobierno, y vuelves a casa después de un duro día de trabajo, puedes elegir ver noticias y análisis políticos en TV o en la pantalla del ordenador”.

¿Cómo llegamos aquí?

Dawson dijo a Euronews que desde que el partido pro-europeo de centro-derecha GERB llegó al poder en 2009 con Boyko Borisov como primer ministro, “han estado haciendo muchas cosas que esencialmente hicieron que cayeran en picado su valoración de nivel de democracia”.

“Tal vez lo más grave que estaban haciendo era claramente reprimir a los medios de comunicación”, según el investigador.

La Dra. Maria Spirova, profesora asociada de Política Comparada y Relaciones Internacionales de la Universidad de Leiden cree que el fenómeno comenzó mucho antes, ha habido una disminución general de la libertad de prensa en los últimos 15 años”, dice.

En el sector privado, lo atribuye a “una concentración muy alta de la propiedad de los medios de comunicación en manos de unas pocas personas… lo cual, por supuesto, contribuye a influir no sólo en las decisiones de personal, sino también en las decisiones editoriales”.

En cuanto a la radio y la televisión nacionales, dice que los canales tienen “vínculos políticos más o menos transparentes con el gobierno porque están dirigidos por juntas que a su vez están nombradas por los diversos actores políticos”.

“Si le añades vínculos entre el sector económico y el Gobierno las cosas se complican. Creo que es la situación actual y lo que ha ocurrido durante los últimos cuatro o cinco años”, añade Spirova.

¿El cambio es posible?

Baltakov dice que se necesita la voluntad del gobierno para hacer los cambios y transformar la BNR en una organización de medios de comunicación de servicio público.

“Hay que poner la casa en orden para avanzar”, dijo, añadiendo que muchos periodistas en Bulgaria “necesitan volver a lo básico” incitándoles a emplear “la verdad, el cuestionamiento y la comprobación de los hechos”.

Dice que la BNR publicó toda la ley, junto con las secciones que supuestamente fueron suprimidas, e invita a la gente a comentarla a través de las redes sociales y su sitio web, prometiendo presenatar los comentarios al Ministerio de Cultura – el plazo para presentar respuestas y opiniones sobre la enmienda es el 18 de noviembre.

Pero, ¿es posible un cambio al nivel que quiere Baltakov?

Spirova cree que será difícil ya que los vínculos entre el mundo económico y político en Bulgaria “no se construyeron en el último medio año”.

Piensa que la economía, el gobierno, la situación de la propiedad en los medios de comunicación y cuestiones prácticas como la disponibilidad de periodistas de investigación dispuestos y no tengan miedo de realizar su trabajo son obstáculos para el cambio.

Dawson cree que “la presión se está construyendo desde abajo”.

“La vieja y muy redundante narrativa de ser pro o anticomunista está retrocediendo al basurero de la historia”, dijo, “y ahora se trata más de si crees en la democracia y en la apertura y la justicia o no”.

Cualesquiera que sean los obstáculos para un avance en la libertad de los medios en Bulgaria, Baltakov está convencido de una cosa: “Una prensa libre funciona”.