Bienal de Sevilla 2020: el alma flamenca vence a la COVID-19


La Bienal de Flamenco de Sevilla, uno de los festivales de flamenco más importante del Mundo, ha cerrado este fin de semana una edición marcada por la amenaza de la COVID.

Contra viento y marea, con la valentía que imprime la pasión flamenca, se ha desarrollado la 21ª edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla. A pesar de la incertidumbre provocada por la pandemia de la COVID-19, la organización apostó por adaptarse a las circunstancias, combinando el desarrollo de los espectáculos con asistencia de público presencial y su difusión en streaming a través del canal de Youtube de la Bienal.

Y eso que uno de sus primeros espectáculos, “Salto” de la Compañía de Jesús Carmona, tuvo que ser aplazado sin fecha a inicios de septiembre debido al positivo por coronavirus de uno de sus integrantes. Aún así, la agenda del festival se ha cumplido meticulosamente, poniendo en escena 50 espectáculos de cante, baile y música flamenca en siete sedes repartidas por la capital hispalense, con el aforo completo en casi todas las funciones.

En este último fin de semana de la Bienal, acudimos al estreno en España del espectáculo “Gatomaquia”, una arriesgada creación de uno de los estandartes del arte flamenco más vanguardista, Israel Galván.

A nuestra llegada al Teatro, encontramos una pequeña fila de personas esperando a que se abrieran las taquillas. En vano, ya que las localidades estaban agotadas desde hace semanas. Alfredo, tras recibir la negativa de la taquillera, nos confirma que ha asistido a varios espectáculos de esta edición de la Bienal y que hoy venía “a probar suerte”.

“Los protocolos sanitarios son muy estrictos en esta edición”, este es el mantra que repiten constantemente desde la organización de la Bienal. Lo notamos desde que entramos al interior de recinto. El personal de la entrada nos informa de que debemos acercarnos al dispensador de gel hidroalcohólico para desinfectarnos las manos. Por supuesto, el uso de mascarilla es obligatorio, estando las entradas y las salidas controladas para que los movimientos del público se realicen en un único sentido.

En este espectáculo, Israel Galván entreteje su danza con los gatos criados bajo la carpa del último circo gitano del mundo, el del clan gitano parisino de los Romanès.

Justamente en el hall del teatro encontramos a Alexandre Romanès, fundador de este circo. Nos cuenta que la pandemia de la COVID les está golpeando fuerte.

Vienen de representar este mismo espectáculo en Paris con un aforo reducido a sólo 250 personas, “insuficiente para nosotros, pero ¿qué se puede hacer?”, “en Francia ahora la gente quiere que se pare todo…” se lamenta.

Lo acompañamos al interior de la sala. El escenario presenta la forma de una carpa de circo rodeada por el graderío donde asiste el público. Alexandre nos presenta a uno de los gatos que forman parte de la propia representación. “Tengo muchos gatos y normalmente hacen cosas graciosas y simpáticas [durante el espectáculo], pero los cambios de lugar los vuelven imposibles”, nos explica, “aquí sólo he traído uno y no sé si hará algo”. Misterios de los gatos flamencos.

El personal de sala acomoda al público en los asientos marcados, los que tienen una etiqueta de color pueden ser ocupados, los que no la llevan sirven para mantener la distancia de seguridad y no pueden ser utilizados. Desde la megafonía informan al público que abarrota la sala que todos los espacios se desinfectan previamente a cada espectáculo.

Salvo casos aislados, nos indican, el público asistente cumple con todas las normas “y, si no, nosotros se las recordamos cariñosamente” apunta Juan Peña, miembro del equipo del personal de sala del teatro. “El esfuerzo que hacemos diariamente es para que la gente que viene al teatro se sienta como en su casa”, añade, “es por y para ellos, para que siga la Cultura”. En su opinión, la Bienal ha supuesto un acicate para que el público retorne con ganas a los espacios escénicos.

“La gente viene al teatro y se olvida de sus penas durante un rato, esto es necesario, esto es salud”, concluye. Mientras, baja la luz y remolonea el gato.

Comienza el espectáculo.